
Se acerca la fecha del 1 de Noviembre, día de Todos los Santos para los creyentes.
Ese día, porque lo manda su querido santoral hay que acordarse de los muertos, hay que ponerles velas, hay que llevarles flores a sus tumbas....en fín toda una mala obra de teatro, todo marketing como sucede en otras fechas señaladas.
Otros años veía desde la platea este día y me escandalizaba del enorme gasto en flores, de la hipocresía de la gente yendo a limpiar las tumbas, a engalanarlas de flores, a estar unos segundos allí mirando a esas lápidas e incluso agunos les rezan. Y yo me pregunto: ¿para qué? ¿Quizás para intentar limpiar nuestras culpas, quizás para sentirnos mejor personas, quizás para hacer el cumplido y ya hasta el año próximo? Ya hemos limpiado nuestras almas?
Este año ya no veo el espectáculo desde la platea, estoy en el escenario pero no llevaré flores, no rezaré, no limpiaré ninguna tumba, no seré una hipócrita, no curaré mi alma, no sanearé mi espíritu.
Sí lloraré, como hago cada día; sí te recordaré, como hago cada día; sí te tendre cerca, como hago cada día; sí besaré tu jarroncito como hago cada vez que te veo; sí acariciaré ese frío mármol donde reposan tus cenizas e incluso alzaré la mano para intentar tocarte por si decides extender la tuya y rozar mis dedos.
Te siento cada día, te añoro todos los días y... no tengo miedo a morir porque allí estarás, esperándome para cuidarme y ese día sentiré tus brazos de nuevo, veré tu sonrisa y te diré, como tantas veces te dije "te quiero".
Y... por fín ese último beso frío que no puedo borrar de mi mente antes del último adiós, se convetirá en un beso cálido.
Pero no porque sea 1 de Noviembre.