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domingo, 31 de enero de 2010

LAS TRES ALCAHUETAS COMPLETAS


INTRODUCCIÓN: Siempre escribo poemas y relatos un poco trágicos, leyendo los poemas de humor de Emilio, me picó la curiosidad de intentar escribir uno, así que ahí va mi primer poema de humor.




Viejas alcahuetas a la verja esperan
Cuentos y rumores inventados
Durante largas horas desesperan
Pelando a todos los lados.


Toribia, la tuerta, hace ganchillo
Con gran destreza mueve el hilillo.

Romualda, la coja, ríe sin dientes
Escupiendo saliva a los pretendientes.

Crisóstoma, la manca, lee el Pronto
Pegando con su única mano al tonto.


Las tres solteras, las tres vírgenes
Rascan sus verrugas
Quitando la negrura de las sienes
Cuentan sus arrugas.


Por delante de ellas pasa el cura
Con sus negras faldas a lo loco
Curiosamente las viejas miran su andadura
Fingiendo un poco.


Pañuelos en la cabeza llevan
Zapatillas de tela negra en los pies
Faldas y refajos elevan
Cuando al amanecer recogen la mies.


Las tres son mujeres completas
Ninguna conoce varón
Jamás tocaron sus tetas
Ni ellas tocaron...


Toribia, la tuerta, ríe
Romualda, la coja, corre
Crisóstoma, la manca, canta:


“Mujeres enteras somos
mujeres que no conocen varón
buscamos fornidos mozos
que nos sepan tocar el chispón, chispón”.

Autora: Emibel
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viernes, 29 de enero de 2010

BAILE ESTELAR




Hoy los cipreses hacen un guiño a la luna
Sus puntiagudas copas acarician las estrellas.
Una música de violín irrumpe en el silencio de la noche
Y los enamorados susurran palabras de amor.

Blanca luna, testigo de amores y desamores ,
En ese viejo banco del parque
Estrellas coquetas bailando al ritmo de un Adagio
Silencios nocturnos, noches silenciosas, palabras de amor

Una alfombra de hojas secas adorna la tierra
Los árboles se han desnudado en espera de su amada primavera
Que los abrazará de mantos verdes y sedosos.
Silencios nocturnos, noches silenciosas, palabras de amor.

Lluvia chispeante cae sobre los enamorados que
Haciendo caso omiso se dedican miradas cómplices
Suaves caricias de manos entrelazadas juegan al amor
Silencios nocturnos interrumpidos por el deseo
Noches silenciosas embriagadas de aromas y jugos
Palabras de amor gritadas al viento.

Estrellas y luna unidas bailan el baile del amor
Girando y girando sobre el escenario de las constelaciones
Acompañando el baile de los enamorados

Que siga el espectáculo...

Autora: Emibel


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domingo, 24 de enero de 2010

EL ÚLTIMO CAMINO






El cuerpo de Juan bailaba al son del viento otoñal golpeando sus piernas contra la madera crujiente y húmeda de aquél su último confesor, aquél árbol deshojado por los días otoñales.

Juan, hombre de clase media, hombre apuesto de larga melena morena, ojos cansados escondidos tras sus ovaladas gafas, labios finos y tímida sonrisa vivió eternamente enamorado de Elena, su novia de siempre. Habían convivido juntos desde la niñez, ya no sabía si lo suyo era amor ó era sentirse acostumbrado a esa vida, a vivir con aquella mujer que más que alegrías, le trajo consigo desgracias.

Cada mañana vestía su cuerpo con aquel traje gris, bien planchado, corbata de color malva y brillantes zapatos de punta cuadrada. Mesaba su pelo dejando caer sobre las cejas un atractivo mechón. Con su maletín se disponía a ir a su trabajo como gerente de un banco en una localidad salmantina.

Daba un beso a su mujer en una mejilla esquiva, apenas sus labios rozaban la piel de ella. Él todavía la miraba con deseo, ella lo despreciaba.
Antes de ir a su trabajo dejaba a sus dos hijos en el colegio mientras Elena se dedicaba a las faenas del hogar.

Empezaron los problemas en el trabajo, hubo reducción de personal y Juan fue uno de los despedidos. Cabizbajo, con su maletín casi arrastrando aquellas estrechas calles se dirigió a su casa, sentía miedo por la reacción de su mujer. Ya hacia años que no eran matrimonio, que no había chispa en sus miradas, que sus labios no desprendían ardor y que el sexo se había fugado.

Juan explicó a Elena la situación. Todavía tenía una leve esperanza de ser comprendido por su esposa. Tenía el cuerpo frío, tiritaba, sudaba hasta que finalmente habló con Elena.

- Buenas tardes, cariño, dijo Juan.
- Hola, contestó con desgana Elena.
- Tenemos que hablar, siguió Juan
- Ahora estoy muy ocupada, dirigiéndole una mirada despectiva, claro como tú te crees muy señorito... Tú, con ir a trabajar, vestirte de payaso, sonreir a todo el mundo ya te crees que está todo hecho. Pues no, yo llevo toda la mañana poniendo lavadoras, planchando, haciendo comidas, bla, bla, bla, continuó Elena sin parar de hablar, haciendo caso omiso de las palabras de Juan, como si no estuviera.
- Cielo, mmmmm, tartamudeó Juan.
- Qué mierda quieres, joder? Que pareces tonto. No pareces, lo eres! No sirves para nada. No sé ni cómo te aguantan en tu trabajo. Bueno, sí, lo sé, porque mi padre te ayudó a encontrar ese trabajo; sino de qué? Con lo imbécil que eres. Cualquier día te mando a hacer puñetas porque una mujer como yo no tiene por qué soportar a un mentecato como tú. Ni sabes ser padre, ni marido, ni nada de nada, continuó Elena sin parar de hablar, sin cesar de gesticular.

Juan permanecía de pie, inmóvil en medio del estrecho pasillo, las lágrimas rodaban por sus mejillas, el terror se apoderó de él. No era nadie. Se lo había dicho tantas veces que ya no se reconocía. Ya no era aquel hombre emprendedor que robaba tantas miradas de las féminas, que se comía el mundo. Era...un inútil, un perdedor.
Ya había dejado de prestar atención a Elena, las palabras de ésta sonaban a hueco aunque golpeaban en sus tímpanos, se clavaban en su corazón como si de un puñal se tratara.

- Qué, qué tienes que decirme, gritó Elena.
- Nada, no pasa nada, musitó Juan.
- Claro, ahora el señor quiere hacerse el interesante, continuaba Elena, y ahora me dirás “vamos al dormitorio” pero...si no sirves ni para follar, no eres hombre ni para eso. Cualquier día me busco otro que me satisfaga que, claro, no será difícil porque mírate, escupía Elena riéndose ante su marido, ante aquel ser que ya lo había perdido todo porque había perdido su dignidad.

Juan ya no decía nada, tan sólo sintió la bofetada de su mujer,los golpes reprochándole que espabilara, que no callara.
Si no puedo hablar, pensó Juan.
Una plancha candente cayó cerca de su cuerpo. Otras veces habían sido jarrones, vajillas. No era la primera vez que Juan escuchaba aquellas palabras que taladraban su cerebro, que quemaban su castigado y cansado corazón.

Arrastró sus pies, giró su cuerpo y se dirigió a salir. Cerró suavemente la puerta y caminó durante varias horas, sin rumbo fijo.
Llegó a un campo húmedo, solitario. La espesa niebla desdibujaba su figura. Las lágrimas ahogaban su ser. Era el marco perfecto para su despedida. La noche llegaba....

A la mañana siguiente un pequeño artículo describía el lugar dónde el cuerpo de un hombre se había encontrado ahorcado apareciendo una fotografía de un árbol deshojado por los días otoñales...

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miércoles, 20 de enero de 2010

MAQUILLANDO LA NADA





¿Qué esperas de mí?
Que mi maquillaje siempre esté perfecto?
Que mi vestimenta esté impoluta?
Que mi piel asome tersa y fina?
Que mis manos suaves acaricien tu vientre?
Que mi clara mirada te haga guiños de complicidad?
Que mis labios exhalen palabras de deseo?
Que mi respingona nariz olfatee los huecos de tu hedor?
Que mis pechos permanezcan siempre erguidos?
Que mi saliva cubra cada poro de tu piel?
Que mi vida sea tu vida para que la mía caiga en el olvido?

Cada mañana maquillo mi alma para recibirte
Cada momento visto mis miserias de Chanel
Perfumo mis manos y mi piel de un aroma inexistente.
Las grietas de mi mirada inundan el alma
Mis labios secos y opacos hablan sonidos mudos
Mi boca está seca, mis pechos cansados.
Mis temblorosos dedos alcanzan tu dicha.
Mi vida es tuya
Mi muerte en vida también
Mi muerte en muerte,
Ésa es sólo mía.
Muero...

Autora: Emibel

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martes, 12 de enero de 2010

NECESITO VUESTRA AYUDA. URGENTE!!


La mayoría de vosotros ya sabeis de mi relación tan especial con los animales.
Hago esta entrada para pediros vuestra ayuda, es sólo un segundo y no os cuesta nada, económicamente hablando.
Un segundo de vuestras vidas con el que podeis salvar del cruel asesinato a unos pobres indefensos que su única culpa fué nacer con la condición de ser perros y/o gatos.
Mi petición consiste en hacer fuerza para que la titular del juzgado de Primera Instancia número 9 de Palma de Mallorca no cierre el Centro Canino Internacional, protectora que se deja el alma , su tiempo y su economía en salvar la vida de perros y gatos.
Quieren cerrar el centro y llevar a estos peludillos a la perrera de Son Reus, donde son sacrificados a los 8 días.
No sé si habeis visitado alguna vez una perrera. Yo he ido muchas veces a la perrera de Movera a sacar perrillos para darlos en adopción. Os puedo asegurar que es lo más horrible que puedas imaginar. Aun estando acostumbrada a ir, jamás me acostumbré a ver lo que ví. Nunca he llorado tanto en mi vida. Jaulas enanas, llenas de suciedad llenas de perritos sucios, sin ningun tipo de amor ni de caricias recibidas.
En estas perreras pocas veces cumplen con esos 8 días de mantener a los perros vivos, perreras donde hay zonas que ni te dejan visitar. Si lo que se ve es la antesala de la muerte, cómo sérá el resto??.

Por favor, ayudadme, AYUDADLES. Estas miradas necesitan de vuestro segundo. GRACIAS.
Entrad aquí y firmad:

http://www.efirmas.com/2293738/index.html

Tenéis más información en nuestra web:

http://www.blogger.com/www.ccipalma.com

NO TE PUEDES NEGAR, MÍRA SUS OJOS....SU CORAZÓN QUIERE SEGUIR LATIENDO.
PÁSALO A TUS CONTACTOS, POR FAVOR.

viernes, 8 de enero de 2010

MUÑECA DE TRAPO




Recuerdos de la niñez que quedan escondidos en una parte de mi cerebro dormido. Los despierto en ocasiones para deleite mío. Pasan por mi cabeza como si de un film se tratara, haciendo pausas en algunos recuerdos, saltando otros ; rebobinando y volviendo a repasar unos.
Quiero volver a ser niña, esa niña nacida en un pueblecito de la cuenca minera turolense, niña de larga melena trenzada, ojos vivarachos, sonrisa picaruela, rodillas marcadas de rojo mercromina, falditas de vuelo y zapatos de charol.
Una niña unida a su muñeca de trapo hecha por mi madre a mi imagen.
Recuerdos de excursiones con los amigos en mañanas soleadas de domingo cien metros más allá de mi casa pero que me parecían lugares lejanos.
Recuerdos de juegos en la calle, juegos compartidos a la comba, a la goma, esas divertidas y coloridas canicas que rodaban y rodaban sin meterse nunca en ese maldito agujero de tierra. Siempre ganaba Pablo, ¡Maldito Pablo!.
Es que Pablo es chico, decía mi madre. Y yo me enfurruñaba porque no entendia qué tenía que ver el sexo en el juego de las canicas. No me gustaba perder.
Mira, nena, tienes que jugar a las muñecas, decían las mujeres.
Vamos a cambiarles los pañales y a darles el biberón a las muñecas y luego haremos las comiditas, decían las otras niñas, en aquella cocina de juguete con sus ollas de aluminio.
No me gustan las muñecas, no me gustan las cocinas. Prefiero disfrazarme de vaquero con sombrero marrón de ala, poner mi placa de sheriff en el pecho, pistola en mano y esposas en la otra para dar caza al malo.
Si es que es un chicazo, repetían en mi casa. Todos, menos mi padre, él sí que me entendía, claro era hombre , mi ídolo de la infancia, mi héroe de todos los tiempos.
Recuerdos de ir a lavar el coche con mi padre, él me dejaba mojarme hasta las trenzas; recuerdos de montarme en los vagones de la mina y viajar soñando, recuerdos de subirme a los árboles y tirarme al vacío, recuerdos de no callar, de querer tener siempre la última palabra, de hacerme la mayor, de no ser una borrega siguiendo el camino de la cruz de cristo y el manto de la virgen.
Recuerdos del colegio, de aquellas monjas que me odiaban porque era diferente, porque les sacaba la lengua y les enseñaba las bragas como señal de protesta. Niña inquieta, atada al pupitre por no ser igual que los demás, pesadilla de aquellas tocas con alas que me imponían una banda de color azul por estudiosa y yo la tiraba a la papelera; una banda como las misses.
Recuerdos de largas tardes de domingo mirando cómo daba vueltas el disco de moda mientras mi hermana y sus amigas bailaban de modo desenfrenado, hablaban de chicos y susurraban que cuándo se íba la mierda cría ésta. La mierda cría era yo.
Pero allí estábamos mi muñeca de trapo y yo, inamovibles.
Vida feliz, aire puro inacabable que respirar, libertad. Campos teñidos de marrón, calles estrechas vacías de coches, casas unidas unas a otras, vecinos amigos, gallinas a las que recoger huevos, lechugas que sembrar. Vida de pueblo.
Y llegó el día que todo eso terminó. Mis padres hablaban en voz baja:
es mejor para todos, así la niña estudiará en la ciudad, aquí no es lo mismo.
Claro que no era lo mismo, yo no quería abandonar todo aquello, ni las canicas, ni la calle, ni los campos, ni el lavadero de coches, ni las gallinas vecinales, ni los huevos ajenos ni a las osadas monjas. ¿A quién le íba yo a sacar la lengua y a enseñar las bragas ahora? Eso no lo hace una señorita, repetía mi madre. Pero qué leches.....una señorita, si soy una niña rebelde, pero niña. No quiero crecer.
Hicimos las maletas rígidas marrones y el neceser duro color azul marino, qué feo era el condenado. Y nos dirigimos a la ciudad, que yo tenía que ser una persona de provecho, no sé para quién, pero de provecho. Y lo que decía mi madre íba a misa.
En el trayecto a la ciudad no dejé de volver la mirada atrás. Decía mentalmente adiós a los campos que me vieron correr, al río donde me bañaba, a los amigos, a mi calle, a mi casa, a mi niñez...
Mamá, mamá, - grité- tenemos que volver que me he olvidado mi muñeca de trapo.
No, ya estamos lejos
- contestó.
Por favor, mami, porfa, porfa- lloré desconsoladamente, imploré , grité.
Cállate, ahora serás una señorita, vas a la ciudad y déjate de muñequitas de trapo estúpidas. Además la tiré por la ventanilla del coche hace rato cuando no me veías.
Mi mundo se acababa, ya nada tenía sentido sin mi vieja muñeca de trapo y, pobrecita, se haría daño al volar por la ventanilla, fue mi primera gran pérdida.
Sentí odio a todo lo que oliera a ciudad.
Cicatrices en el rostro de mi muñeca de trapo, cicatrices en mi corazón de niña.

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martes, 5 de enero de 2010

DESEO






Cubro tus ojos con un negro pañuelo de seda.
Cojo suavemente tu mano, entrelazándola a la mía.
Susurro a tus oídos – déjate llevar, amor-
Rozo con mi húmeda lengua el lóbulo de tu oreja.

Aroma a velas encendidas embriagan esa habitación.
Pétalos de rosas negras descansan sobre las sábanas rojas.
Acaricia mi voz tu oído – te amo, amor-
Beso livianamente la comisura de tus labios ardientes.

Brocados dorados visten las paredes de nuestro nido.
El gozo aumenta, tu respiración ansía al deseo.
Jadeo a tu ser – te deseo, amor-
Emborráchame de ti, sáciame, vacíame.

Desnudo tu adornado cuerpo de telas innecesarias.
Te acaricio, te abrazo, te beso, te poseo.
Lamentos de sexo suenan sobre el eco de tu suave piel.
Exhaustos movimientos, momentos de placer, clímax alcanzado.

Quito el negro pañuelo de seda de tus ojos, observo tu mirada.
Cuerpos ardientes yacen sobre los pétalos de rosas negras.
Jugos conjuntos reposando sobre rojas sábanas de pasión.
Jadeos apagados, deseos saciados, movimientos quedos ya.

Aromas de velas encendidas
Acarician el silencio de las paredes.
Y esperan pausadamente
El despertar de los amantes.
Autora: Emibel

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sábado, 2 de enero de 2010

LAURA




La cabeza de Laura giraba y giraba siempre en torno a una misma idea. No podía continuar con aquella mala obra de teatro donde la protagonista era la desidia.
Mujer de su casa con dos hijos a su cargo y un marido ausente.
Vivía absorbida por la rutina, desayunaba soledad, almorzaba aburrimiento , cenaba hastío y se acostaba con el vacío. Así, pasaba la vida mientras su cerebro soñaba con ilusiones por vivir, deseos por cumplir y vivencias por respirar.

Era el día del juicio final. Laura ayunó ese día, se miró en el espejo , quiso cambiar el reflejo presente y volver al que algún día quedó grabado en su retina.
Y voló. Respiraba libertad. Soñaba con amar, sentirse amada. Ansiaba acariciar, sentirse acariciada. Hacía ya mucho tiempo que no sentía placer en ningun aspecto de su vida, ni las margaritas tenían ese olor tan especial.

Cortó su melena, se maquillaba, se puso uñas de porcelana. Su vestimenta ahora era sexy, pantalones negros ceñidos a su cuerpo como una segunda piel, escotes prolongados que dejaban entrever sus respingones senos , calzando unos tacones de vértigo. Era madre pero era mujer, por fín se sentía mujer.
Gustaba tanto a hombres como a mujeres y a ella ,ese juego le atraía, aún cuando nadie ocupaba sitio bajo sus sábanas.

Todo era perfecto hasta que la mano acechante del mal y el vacío la poseyó, la ultrajó en silencio, absorbió sus jugos, cerró sus poros y Laura cayó suavemente sobre el húmedo asfalto, un asfalto cada vez más húmedo, tornando su tono grisáceo por una variedad rojiza y caliente.

Pero Laura despertó de esa ensoñación, palpó su cuerpo, sí, era ella; su pelo corto, sus uñas de porcelana, su maquillaje de un tono más claro al acostumbrado.
- ¿Dónde estoy?- se preguntaba. Sentía frío, tenía miedo de aquella oscuridad tan silenciosa.
- ¿ Dónde están mis ropas? Aquélla túnica blanca, ancha, con pliegues marcados no le gustaba.
- ¿Y mis tacones?- se mostraba nerviosa. La túnica le cubría todo su cuerpo, hasta sus pies descalzos y helados.
Su nerviosismo desapareció cuando pudo recibir el aroma de las margaritas, ese aroma especial para ella.
Y la tierra siguió cayendo sobre esa fría caja . Y el silencio fué el protagonista de esa mala obra de teatro.

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